Volver al zaguán
Era la hora de la siesta, el silencio ensordecía las horas. El zaguán era el lugar más fresco de la casa, también el más oscuro... Cuántas veces añoramos el frío de los mosaicos de ese pasillo, los sonidos minúsculos... La siesta era sagrada. ¿Sagrada por la soledad? ¿Sagrada por el ritual del descanso? Sagrada. ¿Seremos capaces de recuperar esos silencios? ¿La fantasía? ... Será mejor volver a creer, y a crear... será mejor volver al zaguán.
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