Era la hora de la siesta, el silencio ensordecía las horas. El zaguán era el lugar más fresco de la casa, también el más oscuro... Cuántas veces añoramos el frío de los mosaicos de ese pasillo, los sonidos minúsculos... La siesta era sagrada. ¿Sagrada por la soledad? ¿Sagrada por el ritual del descanso? Sagrada. ¿Seremos capaces de recuperar esos silencios? ¿La fantasía? ... Será mejor volver a creer, y a crear... será mejor volver al zaguán.
Hecha una polilla entre tu ropa, el cielo era el espectáculo de la noche. Brindamos con besos por tus buenas nuevas. No quiero que la noche termine, Quiero quedarme de este lado. Del tuyo. Siempre tuve miedo al otro lado, lejos de tu abrazo. Te besé y deseé tu regreso. Bendije cada uno de tus pasos lejos, y aplaudí a los cielos tus canciones. Me transformo en polilla por las noches y en sueños, me enredo entre tu ropa y miramos las estrellas. Todo huele a vos al despertar.
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