Carta a Valentina

Valenchu:

Hace un mes que mí mundo se enmudeció. Las palabras en el teléfono no tenían sentido. No quería creerlo. Negaba sentirlo. 

Me cuesta escribir tu nombre sin que se me llene la garganta de pájaros cansados, pero más me cuesta nombrarte. Dejar que el sonido atraviese el aire. Es como si quisiera que vinieras, cómo lo hacías. “ Transmisión de pensamiento” me decías. 

Tu nombre siempre tuvo una melodía diferente. Llenaba la habitación con risas espontáneas. 

Una luz encendida cada tarde. Una canción que alguien deja sonando mientras la vida pasa por el costado.Una risa que parecía durar más que el momento en que ocurría. 

No suelo registrar nunca nada. No saco fotos. No filmo. Y a veces encuentro retazos de tu voz en algún vídeo ajeno y me desespera tenerlo conmigo. Invado al resto y me los apropio. Y lloro. Lloro. Te escucho y lloro. 

Decidiste irte sin hablarme. Me prometiste que si estabas bajón, me ibas a hablar. Siempre decías: “ es broma “ . Querías que “ esa “ familia te ame. Y nosotros te amamos . Más aún. Pero la identidad nos juega una mala pasada. Un origen . Un pasado que condiciona un futuro brillante. 

Porque eso llegaba para vos. Un futuro brillante. Artista como pocas. Revolucionaria, solidaria, amable, con el corazón más alto que la frente. 

Desde ese día, el tiempo dejó de comportarse como tiempo. Y nada. Todo está vacío. Los días pasan. Los caminos, no quiero andarlos. Eran nuestros. El arte no quiero verlo. Era tuyo. El asombro diario por el mundo. Desaparece al no ver tus ojos brillando en estrellitas.

Siento que cada mes, cada día, el calendario no hace más que desmembrarme por dentro. No puedo juntar los pedazos de mí. Y ahora ? 

Hablé con tus tutoras, para saber si puedo al menos tener algo tuyo. Aferrarme a tu arte, a tu ropa. ! ¡Qué ilusa ! ¿ no ? Tratar de encontrar una nota, tu letra diciéndome, algo. 

Me resisto a saberte muerta. Voy al cementerio, te lleno de arte, poesía, flores, sahumerios. Te leo… 

A la vez sé que no estás ahí. Y quiero que estés acá. El tiempo no sabe de amor. 

No sabe obedecer a la muerte.

La muerte entiende de finales.

Pero el amor no.

El amor insiste.

El amor sigue poniendo un plato más en la mesa. Milanesas con papas fritas. Cómo si tuvieras once años. 

Escucho tus audios en el celular, te sigo mandando por instagram lo que nos compartimos. Sos la primera que aparece. 

Ese día hablamos, me contaste que tenias escultura al otro día. Que me ibas a mandar, que ya sabías qué ibas a hacer. Hablamos de la arcilla. Y de lo emocionada que estabas de estar estudiando arte. 

No entiendo. Una hora después. Fría. Muerta. Sin retorno. Sin barro. Sin futuro. Sin .

No puedo dejar de pensar un segundo si no me hubiera quedado dormida, y hubiéramos hablado un poco más. Y si hubiéramos armado un plan para el otro día.

La culpa. 

Esa piedra.

Esa ausencia.

Ese agujero extraño que no tiene forma de agujero sino de persona. 

Porque la ausencia no es un vacío.

La ausencia tiene ojos.

Tiene tu voz.

Tiene cumpleaños. Próximo. Cerca. Canceriana. Puro corazón. Todo para los demás. Tengo todos tus regalos. Y me quedo sin abrazos.

Cumplirias 20 años. 

Y eso es quizás lo más insoportable. Tu nuevo comienzo. Decíamos : vas a empezar a vivir. Ahora. Este es tu momento. 

Una edad en la que las estaciones parecen infinitas, en la que uno todavía cree que hay tiempo para todo.

Y había tiempo, Valentina.

Había tiempo para enamorarte diez veces.

Para equivocarte veinte.

Para aprender idiomas.

Para abandonar carreras.

Para empezar otras.

Para viajar juntas a Nueva York, obvio. 

Para llorar.

Para reírte hasta que doliera la panza.

Para odiar los lunes.

Para adoptar gatos, ¡ más aún ! 

Para cambiar de color de pelo, aunque cortamos bastante la última vez. El flequillo te dió un estilo increíble. 

Para descubrir canciones , que no sean del pesado de Ale .

Para tener arrugas.

Para cansarte.

Para volver a empezar.

Había tiempo. Compartidos . 

Pero la vida a veces es cruel.

Y el dolor que llevamos por dentro, no se ve. 

Y tal vez, el tuyo era enorme. 

Y te entiendo. Mí abrazo no fue lo suficientemente fuerte para reunir las partes. 

Y no fue suficiente. El amor de tus amigos, de tu novio, de tu comunidad, el mío. 

Hay pasados, origen, y despertares imposibles de preveer. 

Hay dolores que no encuentran palabras, sólo acciones. 

Hay cansancios que parecen no terminar nunca.

Y uno quisiera haber sabido.

Quisiera haberlo visto.

Quisiera haber llegado antes.

Quisiera haber abrazado más fuerte.

Quisiera haber dicho muchas más veces : acá estamos. Te amamos. 

Pero los "hubiera" no sirven . Son inútiles. Son pasado. 

Y quien entra allí se pierde.

Por eso hoy no quiero escribirte desde la culpa.

Quiero escribirte desde el amor.

Porque fuiste mucho más que tu despedida.

Muchísimo más.

Ninguna última noche puede contener toda una vida.

Ninguna oscuridad alcanza para borrar todas las mañanas que existieron antes.

Ningún instante tiene derecho a convertirse en la única definición de una persona.

Vos eras tus ojos.

Tus gustos.

Tus miedos.

Tus sueños.

Tus contradicciones.

Tus canciones.

Tus pequeñas manías.

Tu forma de caminar.

Tu manera de mirar.

Tu ternura.

Tu enojo.

Tus ocurrencias.

Tu risa tímida.

Tu amor por los gatitos. 

Tu solidaridad. 

Tus diecinueve años completos.

Y también eras todas las versiones de vos misma que todavía no habían nacido.

La mujer que ibas a ser.

La anciana que quizás habría alimentado gatos en un patio lleno plantas. Huertas que hubiéramos diseñado. Asombrosamente. Con tus ojos llenos de estrellitas . 

La viajera.

La profesora.

La artista.

La enamorada, demás . 

La madre, tal vez.

La amiga de alguien que aún no conocías, y de cada ser que lo necesitara. 

La desconocida que un día habría cambiado la vida de otra persona con una frase sencilla.

Porque nunca sabemos cuánto significamos para los demás. Y fuiste demasiado para este mundo. 

Ni siquiera cuando creemos ser insignificantes. Tus compañeros Rovers llenaron la sala al despedirte. 

A veces una sonrisa salva una tarde y la tuya era nuestra constante. 

Dejarse en nosotros una huella tan profunda que el mundo ya no vuelve a ser exactamente el mismo. ¿Cómo se mide el tiempo en tu ausencia ? ¿ Cómo seguiré el ritmo del mundo sin vos ? 

Nos fuiste sembrando. Que nuestras lágrimas sean alimento para el fruto de esa flor.

Siento que voy a volver a encontrarte, con tu nombre e incluso parecida. Y voy a abrazarte y a decirte que sos una gran artista. 

Así como cuando las chicas te encontraron en forma de una mariposa, posada sobre el pañuelo scout, en ese servicio tan importante. Lloraron todos. Y a la vez, sonrieron, supieron que estabas ahí. 

Desde el balcón siempre te busco en el cielo cada vez que se pinta de ese color imposible entre azul y violeta. A veces van Gogh. 

Estás ahí. A la orilla de mí vida. Acompañándome. Te siento conmigo. Dentro de mí. No te vayas del todo. Volvé. Viví otra vez, y hazme saber que andas por acá. Así te sonrió. Y serás otras Valen. Y contarás otras historias. 

Y las lágrimas serán de felicidad. 

Según el padre Nicolás, cuando alguien te recuerda y sonríe, es porque estas cerca. Y me acuerdo seguido. Estás aquí. Y también allá. 

Voy a intentar volver a crear . Porque eso hacíamos. Te amo. 

Amar también es recordar con ternura.

Amar también es decir:

"¿Te acordás cuando Valentina...?"o “ Vale estaría riéndose de esto “... O “ te juro que si “ 

Y entonces por un instante regresas.

No como un fantasma.

Sino como una luz.

Pequeña y audaz.

Frágil y triste. 

Suficiente.

Jamas vas a morir para mí. Sos parte del paisaje.

Como ciertas estrellas, y las hojas, las flores, los árboles. Ya sabes, todo eso que amábamos juntas .

Como el olor a tierra mojada.

Como las hormigas llevando hojas inmensas con una paciencia antigua por la reja de casa. 

Como las canciones que uno escucha después de años y todavía sabe cantar. Sobre todo en inglés. 

Porque la memoria es una forma de la eternidad.

Y vos ahora pertenecés a ella. 

Quizás por eso duele tanto.

Porque las cosas eternas pesan.

Y el amor, cuando pierde su cuerpo, se transforma.

Te acordás de.esa.frase “ antes de rendirnos, fuimos eternos “... 

Así. Sembraste. Y fuiste eterna. 

El michi se acuesta a los pies de la cama,

Se sienta en la mesa.

Mientras yo, 

Viajo en el cole intentando no llorar. 

Te espero en los sueños.

Y a veces, sin avisar, aprieta el pecho, el dolor. 

No para destruirnos.

Sino para recordarnos cuánto nos amamos.

Porque el duelo es eso.

El amor que no encuentra dónde apoyarse.

Y entonces ..

La poesía. 

Los silencios.

Esta carta extrajera. 

Las flores.

Las velas.

Y tu nombre. 

Valentina.

Qué nombre hermoso.

Tiene algo de viento.

Algo de primavera.

Algo de esas cosas que parecen haber sido inventadas para permanecer. Como un torbellino dulce.

Y sin embargo.

La vida. 

Decidió otra cosa.

No soy hija de nadie, dijiste. 

No era necesario. 

Eras hija del viento y de vos, creandote.

Y nosotros, los que quedamos, tenemos que aprender el idioma de la ausencia.

Que es un idioma difícil.

Porque no tiene reglas.

Hay días en que uno puede hablar de vos con calma.

Y otros en que basta un poco de sol para romperse.

El amor no se mide por la cantidad de lágrimas.

Se mide por la profundidad de la huella.

Y las huellas verdaderas permanecen.

Incluso cuando volvemos a reír.

Incluso cuando volvemos a vivir.

Porque la vida insiste.

Y no es una traición.

Es un homenaje.

Seguir viviendo es una forma de honrar a quienes amamos. Voy a seguir tu nombre. Tu voz. 

Mirar un amanecer.

Tomar un té caliente. Ta’ que pela, dirías. 

Abrazarnos.

Y Bailar.

Todo eso también puede ser una plegaria.

Todo eso también puede decir:

"Valentina existió".

Y qué milagro extraño es existir.

Entre miles de millones de años.

Entre galaxias inmensas.

Entre estrellas antiguas.

Hubo una muchacha llamada Valentina.

Con una risa irrepetible.

Con una forma única de decir ciertas palabras.

Con gustos que nadie más tendría exactamente iguales.

Con pensamientos que nacieron una sola vez en toda la historia del universo.

Y eso…

Importa mucho.

Aunque haya sido breve.

Porque las cosas breves también son infinitas.

Los girasoles duran poco.

Las luciérnagas duran poco.

Las flores del jacarandá duran poco.

La infancia dura poco.

Las canciones duran poco.

Los abrazos duran poco.

Y sin embargo nadie diría que por eso no valieron la pena.

Quizás la belleza siempre tuvo algo de fugacidad.

Quizás las cosas más hermosas son precisamente las que no podemos retener.

Y entonces sólo nos queda agradecer.

Agradecer incluso entre lágrimas.

Gracias por haber existido.

Gracias por las veces que hiciste reír a Elien. 

Gracias por las veces que abrazaste.

Gracias por las veces que escuchaste.

Gracias por las veces que fuiste refugio.

Gracias por los pequeños milagros cotidianos que tal vez nunca supiste que eran milagros.

Gracias por ser Valentina.

Simplemente eso.

Porque nadie más podía serlo.

Y ahora, dondequiera que estés, si es que existe un lugar para las almas, o para las memorias, o para las luces que dejan los seres humanos cuando se marchan, espero que hayas encontrado descanso y mucho mucho amor. 

No respuestas.

No explicaciones.

Sólo descanso.

Un río tranquilo.

Una casa de ventanas abiertas.

Un jardín.

La música que te gustaba.

Los abrazos que faltaron.

La paz.

Y si no existe nada de eso.

Si sólo existe el inmenso misterio.

Entonces espero que ese misterio sea amable con vos.

Que te sostenga.

Que te nombre con ternura.

Que te reciba como se recibe a una hija cansada.

Y aquí, en este lado del mundo, seguirán las estaciones, inspiradas en vos. 

Seguirán los inviernos.

Las hojas cayendo.

Las ferias.

Los atardeceres.

La luna.

Las pequeñas cosas.

Y en todas ellas, de algún modo, seguirás estando.

Porque nadie desaparece completamente mientras alguien diga su nombre con amor.

Por eso hoy lo digo despacio.

Como quien enciende una vela.

Como quien deja una flor sobre el agua.

Como quien abre una ventana.

Como quien se despide y al mismo tiempo agradece.


Valentina.


Valentina.


Valentina.


Que la tierra te sea leve.


Que la noche no te pese.


Que el misterio te abrace.


Y que quienes te amaron encuentren, algún día, la manera de recordar sin quebrarse.


Porque el amor no termina.


Sólo cambia de forma.


Y quizás, después de todo, las personas que amamos nunca se van del todo.


Tal vez simplemente aprenden a habitar en otro sitio.


Y en ese lugar secreto donde se guardan las cosas que verdaderamente importan.


Buenas noches, Valentina.


Descansá.


Nosotros seguiremos aprendiendo a extrañarte.


Y mientras exista alguien que 

pronuncie tu nombre con cariño, mientras exista una sola persona que te recuerde con amor ( yo ) mientras alguien mire el cielo y piense en vos, habrá una parte tuya que seguirá floreciendo silenciosamente en el corazón del mundo.


Hasta siempre . Sos infinita. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Volver al zaguán